¿Quién es esa chica? Charlotte Gainsbourg

Fecha de publicación: 23 de Abril de 2015

Todo mito de la moda tiene su origen. Incluso los objetos más establecidos. Por ejemplo, esa cartera que muchas seguidoras de moda reconocen enseguida, que aparece en las muñecas de fabulosas y famosas; que algunas películas han inmortalizado porque se caracteriza, además, por hacer que aquellas mujeres que tengan el poder de adquirirla se enlisten en periodos de espera de hasta varios años para llevarla consigo. Esa cartera, de Hermés, un símbolo de máxima fabulosidad es, como muchas saben, la Birkin.

Y si bien detrás de esa presa del apetito femenino hay muchas veces gran poder económico, también hay detrás de ella una historia en forma de mujer. Su nombre era Jane. Jane Birkin. En 1969, cuando las revoluciones culturales habían envuelto ya a París y a Estados Unidos, esa mujer, que aparecía en fotografías amorosas junto a un hombre de ojos grandes y hundidos, había lanzado junto a él una provocativa melodía que se regó como pólvora en una escena abierta como nunca antes a la sensualidad y la idea de una actitud libre. El dúo de la canción se convirtió en mucho más que un hit; se trataba de una de las parejas más chic y glamorosas de Francia: Serge Gainsbourg y Jane Birkin. En los archivos del estilo, hay postales en blanco y negro donde ambos aparecen melosos, él con la mirada grave, ella con las pestañas largas y los ojos felinos.

Un día Jane Birkin iba en un vuelo de Londres a París. En el asiento contiguo iba el director ejecutivo de Hermés, quien presenció cómo a la bella mujer se le derramaban todas sus pertenencias de una cartera amplia, de paja, tipo playera. Jane se quejó de que no encontraba carteras de ese tipo en cuero. Y así, inspirada en esa anécdota espontánea, el hombre se puso en la tarea de fabricar una pieza que supliera la carencia; nació así la icónica y opulenta pieza, hecha por y para ella.

Del amor entre Serge y Jane amor nació en, 1971, Charlotte, una chica blanca, larga, delgada pero fibrosa, de pelo negro azabache y con facciones que expresan la fusión exacta entre Birkin y Gainsbourg. Hija de una alianza poderosamente cool, Charlotte expresó parte de su herencia cuando, a los 12 años, cantó junto a su padre y se inició como música también. De allí, pasaría también a ser actriz, musa, y símbolo de ese estilo francés que cree en el poder de lo simple, en el encanto de la imperfección, en la naturalidad como esencia de la belleza femenina y poseedor de ese toque de discreto descuido que logra que cuando veamos algo lo asociemos con lo que es cool y genuino.

Charlotte no es linda, en un sentido convencional. No tiene los rasgos angelicalmente gatunos que tenía su madre. Es más tosca en sus facciones y podría decirse que es atípicamente atractiva. Durante el dominio de Nicholas Ghésquiere en Balenciaga, Charlotte posó en las campañas publicitarias con la ropa estructural del creativo, en imágenes de sepia futurista y en retratos en blanco y negro que revelaban su encanto irregular. Es musa además del provocativo cineasta Lars von Trier.

En sus imágenes, aparece con frecuencia vestida con las grandes estampas de lo chic francés o parisino. Jeans perfectos en talle pero desgastados, blazers pulidos con camisetas simples; camisas de corte masculino; vestiditos femeninos con botines; jeans pitillo y chaquetas de cuero; gabardinas clásicas. En otras apariciones, festines de moda y alfombras rojas de cine, lleva la esencia de esa estética con pequeños toques que reinventan lo simple y clásico. Y hay algo en ella, como con muchas mujeres francesas, que parece fácil, sin esfuerzo, sin ansias de demostrarse.

Conocida para algunas y una presencia novedosa para otras, Charlotte Gainsbourg es un símbolo de algo que celebra el estilo francés: de que no se necesita ser convencionalmente bella para ser tremendamente atractiva (así lo dijo alguna vez la icónica Diana Vreeland). De que no se necesitan demasiadas producciones en la apariencia para apreciar a una mujer como es: imperfectamente bella. De esa certeza sale algo más profundo: un sentido de estilo que está cómodo con lo simple porque no tiene miedo de mostrar a la mujer detrás del ropa o el vestido.

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Vanessa Rosales

Escritora de moda. Ha sido corresponsal de Vogue Latinoamérica, escritora para Diners, Revista Exclama, Fucsia y Arcadia. Sus columnas de moda en el periódico El Heraldo la inauguraron como una singular voz crítica ante la moda en Colombia. Fue editora de Tutrend.com, Editora de Moda en Cromos y Proyectos Semana. Una formación académica en Historia y una Maestría en Periodismo con el diario argentino La Nación propiciaron en ella la capacidad para mezclar un agudo sentido editorial con una mirada más profunda de la moda y el estilo.

Embajadora de Onda de Mar y Consultora Editorial de Salomón Azulu, en 2012 creó Vanguardstyle.com, especializado en el tema del estilo. Actualmente vive en Nueva York, donde está becada por Parsons The New School for Design en una Maestría en Fashion Studies y desde donde ejerce como Editora del blog de Naf Naf.

vanessa @vanguardstyle.com