Básicos no tan básicos

Fecha de publicación: 06 de Marzo de 2015

Con frecuencia las mujeres nos hacemos confidencias sobre los sentimientos que nos genera el vestir. A veces la expresión es de añoranza y de deseo – compartir el apetito de una nueva pieza (o varias) que, creemos, nos reflejarán perfectamente. A veces la cuestión pasa por la duda - ¿qué me pongo? ¿esta si soy yo? ¿se me ve bien? Y otras veces el tema tiene que ver con la sensación de estancamiento. Nuestro armario se nos antoja anciano, todo parece haber sido usado y experimentado cientos de veces; o simplemente despertamos, y pese a que hay un paisaje de ropa que ante nuestra mirada se ofrece, no sabemos qué ponernos.

Cuando una mujer compra, sus motivaciones son diversas. Ocasión, desahogo, placer, diversión, necesidad de renovación, la libertad que tiene para hacerlo. A veces, se deja seducir por las tendencias, otras la cacería es precisa y va marcada por el hallazgo de cosas sobrias, clásicas, eternas…básicas.

En estos temas del vestir, siempre hay temas de fondo que laten en nuestro inconsciente cuando compramos o componemos nuestros atuendos. Incluso se puede decir que hay corrientes de pensamiento. Por ejemplo, se puede pensar en comprar más volumen, más económico, que durará mucho menos. O se puede ser de aquellas que cree más en la inversión de aquello que en menor cantidad será más duradero en el tiempo. Se puede tener inclinación por lo que es llamativo siempre. Una practicante en los estampados o el color. O se puede ser una colorista austera – cuya balanza termina por lo general en los neutros, el blanco, el negro, las líneas sin adorno.

Existe, sin embargo, un terreno que invita la coexistencia. Es decir, una corriente que celebra la simplicidad con un pequeño giro de invención. Las francesas conocen bien esa inclinación. Una parisina luce, en conjunto, sin demasiada producción, pero hay algo en su aparente simplicidad que tiene detalles que la alejan de la insipidez. Una cosa es simplicidad y otra cosa es ausencia de vida y composición.

Por eso, la posesión de este tipo de prendas traza un camino que mantiene a una mujer entre la simpleza y su espíritu de creación. Hay que afinar el ojo para comprender la delicia de poseer una prenda que es básica a primera vista, pero que tiene, como las francesas, algo que la hace interesante también.

NAF NAF tiene esa esencia. Permite a la mujer que conserve una naturalidad que se mezcla con significativos detalles de belleza. Hay algo sencillo en el conjunto, pero algo más que si el ojo atrapa revelará una sutil fuerza. Un detalle de boleros. Un toque de encaje. Un giro a lo más clásico. Una pincelada bella a lo simple. Lo que a primera vista es ultra básico y que tiene, como las francesas ese “yo no sé qué” que le da un aire de diferencia.

¿Cuál es para ti un buen ejemplo de un básico no tan básico? 

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¿Quién Escribe?

Vanessa Rosales

Escritora de moda. Ha sido corresponsal de Vogue Latinoamérica, escritora para Diners, Revista Exclama, Fucsia y Arcadia. Sus columnas de moda en el periódico El Heraldo la inauguraron como una singular voz crítica ante la moda en Colombia. Fue editora de Tutrend.com, Editora de Moda en Cromos y Proyectos Semana. Una formación académica en Historia y una Maestría en Periodismo con el diario argentino La Nación propiciaron en ella la capacidad para mezclar un agudo sentido editorial con una mirada más profunda de la moda y el estilo.

Embajadora de Onda de Mar y Consultora Editorial de Salomón Azulu, en 2012 creó Vanguardstyle.com, especializado en el tema del estilo. Actualmente vive en Nueva York, donde está becada por Parsons The New School for Design en una Maestría en Fashion Studies y desde donde ejerce como Editora del blog de Naf Naf.

vanessa @vanguardstyle.com