Desfiles de Moda: Breve Historia

Fecha de publicación: 22 de Enero de 2016

Erase una vez cuando un desfile era una celebración exótica y lejana, pequeña y privada, disponible sólo para la mirada de un puñado de privilegiados. Decimos exótica porque se trataba de un festín que se sentía inalcanzable, extranjero, llamativo, distante.

Estaban los desfiles las casas de moda de Alta Costura – cuando la Moda, con m mayúscula, sólo clasificaba como tal cuando se trataba de ropa hecha a la medida por exaltados visionarios. Se hacían en exquisitas atmósferas, a puertas cerradas, por lo general en la misma casa del diseñador, como las que escenificaba Christian Dior, en la Avenue Montaigne, las que celebraba Mademoiselle Chanel en su boutique de la Rue Cambon, en París.

Pero estaban también los que hacían las tiendas de departamento, por ejemplo, en Nueva York, aquellos fascinantes y estimulantes hervideros donde nació también el consumismo como lo conocemos. Y en los años 30, los desfiles llegaron incluso al cine, cuando en algunas películas comenzaron a incluirse escenas de ese tipo para impulsar estrategias de publicidad.

La historia de los desfiles, a diferencia de muchos otros temas en la moda, no ha sido escrita. Ni es tan fácil de hilvanar. En París, en el siglo XIX, una señora llamada Lady Duff Gordon comenzó a incentivar reuniones en las que señoritas entrenadas mostraban ropa a una clientela potencial. Las tiendas de departamento usaron estas pequeñas presentaciones como carnada comercial.

Pero, los desfiles como aún los conocemos están más ligados a lo que fue la semilla de la Semana de la Moda de Nueva York – que al ser lanzada en 1943 tenía como nombre Press Week. Era el recurso de una visionaria, la publicista Eleonor Lambert, ofreciera una solución a la situación de entonces: París, la única cuna de moda, había sido sitiada por los alemanes; ni compradores ni periodistas o editores podían desplazarse a hacer lo usual – traer las modas al suelo americano.

El evento organizado por Lambert impulsó a que los creadores norteamericanos se defendieran sin la sombra o la autoridad usualmente atribuida a París. Despegó entonces una identidad de moda más local y se inició, también, ese espectáculo dedicado a la moda que si bien puede tener uno que otro gesto teatral está pensado siempre hacia el lado menos “sexy” pero real de la moda: vender.

A medida que la Alta Costura fue perdiendo su reinado como categoría única de la moda, y a medida que el ready-to-wear fue ocupando el dominio, los desfiles también comenzaron a cambiar. Abandonaron, como la moda misma, los espacios pequeños, pero seguían siendo terreno más exclusivo de editores, prensa, compradores y sujetos involucrados en el medio.

Cuando la moda comenzó a dar giro y fue encontrándose más con el terreno de las celebridades, las modelos del momento lograron status de superestrellas y en los desfiles comenzaron a aparecer actores, personajes de entretenimiento y música. Y sin embargo, tomar una foto era prohibido. Los periódicos que tenían secciones de moda asignaban a sus escritores a que fueran ellos, con sus palabras, los que pintaran las imágenes para el público. Las primeras filas eran el terreno de editoras y revistas encumbradas.

La era digital transformó también ese escenario en el que unas criaturas extraordinarias, largas, de pieles lozanas mostraban a las mujeres lo que querrían vestir y comprar seis meses después de haber visto los desfiles. Primero llegaron los portales que permitieron ver lo que antes era sólo para prensa especializada. Después se instalaron los blogueros en las filas principales. Y más adelante, la pasarela parecía extenderse: no sucedía sólo en la muestra del desfile sino que parecía complementarse con lo que sucedía afuera de ellos.

Y se volvió común que muchas más personas accedieran a las muestras y que con sus teléfonos celulares capturaran y mostraran lo que adentro sucedía. Hoy, incluso, Instagram ha llevado a un nuevo nivel lo que había hecho en su momento Twitter: mostrar al público, casi en vivo y a través de pequeñas cápsulas lo que sucede en los desfiles. Muchos, sino todos, tenemos la sensación de que un desfile es cercano, accesible, viable, aún dando clics en nuestras camas.

Pero con los desfiles siempre ha habido un tema interesante. ¿Para qué sirven? En principio para mostrar la ropa que será comprada. ¿Son teatro o comercio camuflado? Un poco de ambas. Los imborrables e inolvidables desfiles de Alexander McQueen demostraban, como pocos, la fuerza del performance cuando era combinado con ejecución majestuosa de diseño de ropa.

Con frecuencia también y a lo largo de su historia los desfiles son el momento para escenificar la ropa justo así: hecha performance. Una vez aterrizada a la realidad, a las tiendas, a uso de la mujer real, las prendas rara vez tienen esa teatralidad o cualidad dramática.

Y hoy, cuando son tantos más, cuando se cruzan con las temporadas intermedias y cuando se ven cada más en vivo a través de las gracias de lo digital, cada tanto surge la pregunta de si siguen siendo relevantes. ¿Son tan importantes en una época donde lo digital, a nivel vertiginoso, deja verlo todo de manera instantánea?

Los desfiles son reflejo de las ambivalencias de la moda, de sus contradicciones constantes: son instituciones que aún reflejan la importancia del circuito bianual de ciudades, pero también tienen como complemento el vestir que sucede alrededor y afuera de sus escenarios. Se mantienen pero coexisten con un esquema amplio donde la moda es visible a través de muchos canales, veloces y siempre cambiando.

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¿Quién Escribe?

Vanessa Rosales

Escritora de moda. Ha sido corresponsal de Vogue Latinoamérica, escritora para Diners, Revista Exclama, Fucsia y Arcadia. Sus columnas de moda en el periódico El Heraldo la inauguraron como una singular voz crítica ante la moda en Colombia. Fue editora de Tutrend.com, Editora de Moda en Cromos y Proyectos Semana. Una formación académica en Historia y una Maestría en Periodismo con el diario argentino La Nación propiciaron en ella la capacidad para mezclar un agudo sentido editorial con una mirada más profunda de la moda y el estilo.

Embajadora de Onda de Mar y Consultora Editorial de Salomón Azulu, en 2012 creó Vanguardstyle.com, especializado en el tema del estilo. Actualmente vive en Nueva York, donde está becada por Parsons The New School for Design en una Maestría en Fashion Studies y desde donde ejerce como Editora del blog de Naf Naf.

vanessa @vanguardstyle.com