No tengo nada que ponerme

Fecha de publicación: 30 de Marzo de 2016

La escena es la siguiente: una mujer se para ante su armario para decidir lo que adornará ese día, para cierto momento o actividad, su cuerpo. Una ocasión, un sentimiento, una actividad específica, algo de noche o de día, algo importante o sin trascendencia – todo momento de vida requiere que una mujer se vista. Y allí, frente a un armario que probablemente contiene múltiples piezas, pedazos de ropa de los que ha estado enamorada, que la han hecho sentir espléndida, allí, frente a una cantidad considerable de ropas, una mujer echa un vistazo y se traza en su interior la certeza de que no tiene nada que ponerse.

Más que una escena, esto es un sentimiento. Uno que poco comprenden los hombres desde cierto tipo de racionalidad y uno que genera un flechazo de reconocimiento en muchas mujeres.

La contradicción: el hecho de tener un armario colmado de ropa y aún así la sensación, poderosa y hasta desalentadora, de que no hay nada allí, disponible para nosotras, que sacie lo que queremos a través de la vestimenta. Hay ropa, sí, pero no la que nos permita expresarnos adecuadamente.

¿Por qué sucede esto?

Kennedy Fraser, una de las críticas de moda para The New Yorker, decía que este sentimiento no significaba que debamos aislarnos o recurrir a la desnudez; se trata, más bien de cómo llega un punto en el que nuestro guardarropa no coincide con nuestro ánimo o con la vida que llevamos o deseamos tener.

La ropa que en un momento nos deslumbró con su sentido de promesa, se desinfla, su energía pierde fuerza, nuestro entusiasmo languidece ante ella. Incluso aquella que nos hinchó la emoción justo antes de hacerla nuestra; incluso aquella que nos hizo sentir fantástica, con el gesto centelleante que se palpa en una mujer que se siente bien vestida.

Y todo esto es una demostración de cómo el acto de vestirse es una compleja mezcla de factores en una mujer. Mente, cuerpo, espíritu, corazón, ánimo, hechos – todos se mezclan en ella.

Nuestros gustos cambian. Nuestros sentimientos también. También nuestras ambiciones y deseos estéticos.

Esto siempre ha sido así con la ropa y las mujeres. En gran parte porque uno de los principios más importantes de la moda femenina es justamente el cambio. Para estar a la moda hay que transformarse con frecuencia. Una temporada estacional es una invitación a transfigurar. El cambio visual en una tienda habla sobre nuevos colores y siluetas renovadas. La llegada de las nuevas tendencias que guían el momento particular dibujan un nuevo aire general.

Pero si bien esta desconexión con el armario y la ropa disponible ha sido frecuente entre las mujeres gracias a la misma naturaleza de la moda, antes los ciclos y los cambios eran más lentos.

Hoy, en una era digital, cuando vemos estos cambios de manera mucho más constante y de forma mucho más acelerada, nuestros apetitos y añoranzas se transforman aún más. Una de las motivaciones más importantes que tiene una mujer al vestirse es verse como las imágenes de su tiempo. Esto aplica aún más para la mujer estilísticamente consciente, la que quiere reflejar, en su apariencia, que está conectada con su momento de moda.

Imagen tras imagen, prenda tras prenda, post tras post, las mujeres hoy, que miran moda en pantallas, sienten que su ropa pierde fuerza también porque los cambios son mucho más acelerados. Y ese sentimiento, de que lo que queremos y lo que tenemos no coincide, se instala con más frecuencia.

Y si bien es cierto que la ropa que tenemos ante nosotras puede sentirse totalmente desgastada, aunque no lo esté, eso demuestra el poder de los sentimientos en el proceso de vestirnos. Por eso, porque se trata de un sentimiento, cuando llegue, podemos darle un giro.

Tal vez nos escudemos en el negro, o revivamos un look que nos hizo sentir fantásticas en otro momento. No es nuevo, es cierto, pero lo abordamos con una mentalidad de frescura.

Cuando cambiamos el sentimiento, podemos cambiar también lo que la ropa nos permite ser.

¿Qué haces cuando sientes que no tienes nada que ponerte?

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¿Quién Escribe?

Vanessa Rosales

Escritora de moda. Ha sido corresponsal de Vogue Latinoamérica, escritora para Diners, Revista Exclama, Fucsia y Arcadia. Sus columnas de moda en el periódico El Heraldo la inauguraron como una singular voz crítica ante la moda en Colombia. Fue editora de Tutrend.com, Editora de Moda en Cromos y Proyectos Semana. Una formación académica en Historia y una Maestría en Periodismo con el diario argentino La Nación propiciaron en ella la capacidad para mezclar un agudo sentido editorial con una mirada más profunda de la moda y el estilo.

Embajadora de Onda de Mar y Consultora Editorial de Salomón Azulu, en 2012 creó Vanguardstyle.com, especializado en el tema del estilo. Actualmente vive en Nueva York, donde está becada por Parsons The New School for Design en una Maestría en Fashion Studies y desde donde ejerce como Editora del blog de Naf Naf.

vanessa @vanguardstyle.com