El Don de la Belleza

El Don de la Belleza

Durante siglos, mientras el mundo despreciaba la moda como un tema insignificante y poco serio, los franceses estaban entre los únicos en considerarla un asunto digno de atención. La crítica de moda Holly Brubach escribió alguna vez que aquello que los franceses sienten y expresan por la moda es, sobre todo, respeto: como profesión, diversión y como tema intelectual de discusión.

Esta apreciación de un tema que los demás miraban con burla y recelo llegó hasta los círculos teóricos y académicos más sofisticados. Después de todo, el pensador Roland Barthes sigue siendo uno de los primeros intelectuales en destacarse por usar los predios de la estética y de la ropa para entender más sobre la naturaleza humana. El estudio de Barthes sobre las revistas de moda francesas en la década del sesenta sigue siendo uno de los análisis más únicos sobre el tema – incluso hoy. Mucho antes que él, el poeta Stephane Mallarmé había disfrazado su pluma de una voz femenina (uno de sus seudónimos fue la Señorita Satín) para motivar a las mujeres del siglo XIX a vestirse bellamente.

Este respeto de los franceses hacia la moda tiene que ver con algo más: con un rotundo amor y una impresionante vocación por la belleza en general. Brubach explica que se trata de un tema de psicología colectiva; el hecho de que para ellos la superficie de las cosas se entienda mejor que en otras partes del mundo, que la superficie es información llena de significado – aquello que las personas ven en tu casa, en tu vestir, es quien eres. “La filosofía es que eres lo que creas a tu alrededor”.

Se trata de una relación con la belleza que la entiende en la superficie y en el interior; en el diseño y la decoración; en su función y su significado; en el estilo – externo y hecho para los ojos – y en la sustancia – invisible y formada en la esencia.

La relación de los franceses con la belleza es poderosa porque logran combinar los pálpitos estéticos con la inteligencia. Es el lugar donde nació la Alta Costura, basada en la construcción microscópica y artesanal de ropa de ensueño. Es el lugar donde quedan los rastros de cortes que existieron rodeadas por el verde menta y el tipo de mueble que podía servir para leer, escribir y probar las vestimentas. El lugar donde la pastelería está untada de delicadezas pasteles. Donde las mujeres usan ropa interior exquisita aunque nadie la vea – una adición que las ayuda a caminar y sentirse bellas.

La belleza francesa en todas sus expresiones tiene sustancia, por ende sus formas son tan deslumbrantes: porque son formas silenciosas donde detalles exquisitamente hechos son una forma de comunicación.

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¿Cuál es para ti el secreto de la belleza francesa?

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