El gran accesorio de todas las épocas

El gran accesorio de todas las épocas

Juguemos con los principios de la moda. A veces se dice que fue Chanel – otras Yves Saint Laurent – quien dijo: la moda pasa, el estilo permanece. Apliquemos la máxima a uno de los elementos más importantes en la vida de una mujer: el pelo. En nuestro juego de hoy, queremos decir: los accesorios pasan, pero el pelo permanece.

Podemos cambiar de ropa como una actriz que interpreta distintos papeles. Podemos intercambiar nuestros complementos, rotarlos y usarlos como armas poderosas para transformar un look radicalmente. Pero el pelo es un complemento fijo. Siempre está con nosotras. Nos define todos los días. Por eso, nos atrevemos a decir que es el accesorio más importante de todos los tiempos. Tal vez el más poderoso.

Así como es cierto que el pelo siempre está con una mujer, también es cierto que es una de las cosas que más ha cambiado en la historia de la moda. Busquen una fotografía antigua. Seguro el color de la foto, la ropa y la situación les darán muchas pistas de la época. Pero miren más de cerca, noten el detalle del peinado y de repente se abrirán las compuertas para saber la década o el siglo de la imagen que ven.

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El peinado es un gran indicador de la época. En el siglo XVII, hombres y mujeres se animaban a pelucas blancas y grandes, llenas de crespos bien formados. En el siglo XVIII, María Antonieta, gran icono de la extravagancia, se hizo famosa por coronar su peinado dramático con un galeón en miniatura. Los peinados eran tan altos que las mujeres debían sentarse en el piso de los coches que las llevaban a las fiestas. Era una época de opulencia y el pelo reflejaba esas ganas de mostrar el lujo que reinaba.

El siglo XX trajo un fenómeno que cambiaría la historia de la moda para siempre: el cine. Las imágenes que se movían en la pantalla brindaban a las mujeres reales modelos a los cuales aspirar. Esos grandes iconos no sólo eran figuras del glamour con que soñamos siempre las mujeres de todas las épocas, sino que eran símbolos del tipo de mujer que se debía ser. En los años 20, las mujeres empezaban a manejar, bailar, seducir, fumar cigarillos y el pelo se hizo corto, tipo garconne, como lo acuñaría Chanel desde tan atrás como 1917.

La androginia de la flapper fue sacudida en los años 30. Justo después de la Gran Depresión. Cuando las mujeres quisieron cambiar vestidos con cinturas caídas por vestidos largos, ceñidos al cuerpo, en cortes de sirena y acompañados de pieles fabulosas. El pelo creció un poco, se usaba en ondas, creando una sensualidad provocativa sin ser obvia. En los 50, cuando la cultura quiso domesticar a la mujer, el pelo se usaba femenino, recatado, muy en su lugar. Con los 60 llegó la revolución cultural, la reverencia por la juventud y la defensa de la diversidad; el pelo se llevó largo y alborotado, preciso para moverlo al ritmo del rock n roll y para gozar una vida de libertades.

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En los 70, con el Movimiento de Liberación de la mujer, se valoró la naturalidad. El pelo se usaba voluminoso y con poco esfuerzo. Llegados los 80, una década de materialismo, opulencia y excentricidad, los peinados señalaban justo eso: un poco de herencia del punk, coqueteo con el futurismo, excentricidad del new wave, influencias del glam rock, muchas permanentes y volumen a toda exageración. Los 90 trajo el grunge, estándares de belleza que iban de Cindy Crawford – amazona inaccessible – a Kate Moss, creadora del look ultra delgado de heroic chic.

Y así creció la diversidad. Esa que es tan lógica para nosotros hoy. Cada set de peinados de una época fue termómetro de su cultura. Hoy, las pasarelas y las revistas nos imparten tendencias, las celebridades nos inspiran con sus looks de tiempo libre o alfombra roja. Se vale todo. Pero lo más importante: el pelo es algo que nunca nos quitamos. Es nuestro gran accesorio. Nos refleja como ningún otro.

Preparamos 50 fotos que nos deleitan con su historia.

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