Pajama Dressing

Pajama Dressing

Al terminar un día cualquiera, la mayoría de las mujeres cambian de piel. Van bajándose de los tacones, se deshacen del maquillaje, y se mudan de la composición del día al terreno de aquella ropa íntima, cómoda y casi siempre invisible para los demás: las pijamas.

Coco Chanel solía decir que no lograba entender cómo una mujer podía salir desarreglada de su casa, que dadas las maravillas de la vida, cualquier día, esa mujer podía encontrarse con su destino. Para ese encuentro, decía la dictadora de estilo, un poco de belleza era lo mínimo que una mujer podía darse a sí misma.

Pero en la privacidad de nuestras casas, en los momentos de descanso, la mayoría de las mujeres escogemos prendas muy distintas a las que ostentamos en la calle. Nos deshacemos del performance público y, por ende, descansamos de la forma más despreocupada posible.

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Es cierto que ser mujer tiene mucho con ser actriz – actuamos para audiencias y miradas distintas. Muchas veces eso define la forma cómo escogemos vestirnos. En casa, nos sentimos finalmente liberadas, listas para el descanso en estado de naturalidad. Pero a veces hasta el confort depende de la mirada de los otros y no de cómo nosotras realmente nos sentimos.

Las pijamas, esa ropa íntima y privada, pueden darnos un sentido de belleza, no para alguien, sino para nosotros mismas. Un tipo de belleza que está mucho más conectada con nuestra psicología y experiencia sensorial. No se trata de cómo nos vemos con la prenda sino de cómo nos sentimos con ella.

Escoger una seda exquisita. Un color deleitable. Una silueta confortablemente sensual. Agregar estampados divertidos. Dejarse llevar por la gracia floral. Las piyamas también pueden ser reflejo del estilo de una mujer – un estilo que se manifiesta en todos los campos de su vida.

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Hace unas temporadas, el sistema de la moda ha hecho de las pijamas una sensación trendy. Se usan como las usó Chanel: masculinas, de seda, en conjunto de camisa y pantalón holgado. Se trata de una tendencia para las más aventuradas.

Pero para las mujeres más mortales, que prefieren la belleza al frenesí de las tendencias, se vale transformar un poco el concepto. Volverla ropa que se base en el sentimiento y no en la apariencia.

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