Un nuevo básico

Un nuevo básico

Se dice que toda mujer debe tener en su armario un vestidito negro. Lo dicen las revistas, los expertos, los estilistas y lo dijo hace décadas Coco Chanel. La ausencia absoluta del color era, para ella, la forma perfecta de hacer que la mujer detrás de la ropa dejara ver su esencia.

El histórico little black dress se asocia siempre con la gran dictadora de estilo, pero pocos saben – o recuerden – que durante la década del 30 Chanel tuvo también un gran amorío con el color blanco. Entonces se lanzó a hacer vestidos simples, sedosos, puros y modernos. El blanco, como el negro – su gran opuesto – es otra gran forma de hacer salir a la mujer que lo lleva.

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Toda mujer de carne y hueso sabe bien, que más allá de lo que dicen las “autoridades” un vestidito negro es una vía rápida y fantástica para los apuros del “qué me pongo”. Es chic con poco esfuerzo. Funciona para un gran abanico de ocasiones, climas y momentos. Su versión opuesta, en blanco, funciona de la misma manera.

Así como el cuero se ha ido imponiendo en los climas cálidos y así como las flores son hoy estampados relevantes para el invierno y no sólo para la primavera, así también el blanco se ha hecho rey de lo chic en el presente. Looks todos en blanco penetran las pasarelas. Viene en chaquetas esculturales con faldas pitillo. La hermana de la infaltable chaqueta de cuero negra viene en su tono opuesto.

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Hoy, los vestidos blancos no son sólo terreno del código matrimonial. Blanco – en abrigos, zapatos y prendas – es tendencia para otoño e invierno. Atrás quedaron las normas cuando era elemento exclusivo para el verano.

Un vestidito blanco tiene muchas cualidades que cualquier mujer podrá apreciar. Es ultra-femenino. Viene en todo tipo de formas – clásico, vanguardista o romántico. Se adapta a cualquier estilo y temperamento. Su silueta puede favorecer a los cuerpos más diversos. Su ausencia de color lo hace un lienzo con el que se pueden combinar los complementos más vanguardistas y notorios.

En clima frío se ve fabuloso con medias negras y opacas. En atmósferas urbanas hace contraste con parkas militares y zapatos sexy y femeninos. En clima caliente se vale en formas bohemias, con una alta carga de complementos dorados o con zapatos y labios rojos. Su suavidad reluce si se combina con una chaqueta de cuero tipo motociclista y bailarinas.

La vida de hoy reclama que las mujeres sean dueñas de prendas flexibles, pero también duraderas. Un vestidito blanco es el nuevo símbolo de lo que necesita una mujer posmoderna.

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