Mesas vestidas: un nuevo romance femenino

Mesas vestidas: un nuevo romance femenino

“Debes tener estilo”, dijo Diana Vreeland, - directora de Vogue de 1963 a 1971 -, “te ayuda a despertarte en las mañanas. Es una forma de vivir. Sin él no eres nadie. Y no hablo de tener grandes cantidades de ropa”.

¿De qué hablaba entonces una de las mentes más fabulosas en la moda del siglo veinte? Vreeland anunció la forma de estilo que más celebramos nosotros. Un estilo que va mucho más allá de lo que nos ponemos, de las tendencias y de las piezas “obligadas” de la temporada. Estilo es la impronta de nuestro ser en cada cosa que hacemos, en los ambientes que nos rodean, en la forma cómo arreglamos cada expresión material de la vida diaria.

,

Las parisinas son expertas en este arte, maestras del detalle. Y aunque su look sea limpio, directo y sencillo, la fuerza de su elegancia se esconde en las pequeñeces. Las parisinas también nos regalan otra gran lección de manera constante: nos enseñan que la belleza se unta en todas las áreas de la vida.

Nuestra ropa anuncia al mundo quiénes somos, nuestra casa es reflejo de nuestras almas, y nuestra mesa es el lugar donde reflejar ese lado de mujer que siente encanto por los detalles, nuestro estilo personal más femenino.

,

El nuevo romance en el universo del estilo es con las vajillas, las tazas de té antiguas, los platos con lemas suaves y románticos. Como en la ropa, se vale mezclar y combinar distintas estéticas que produzcan armonía. Se buscan tesoros en mercados de antigüedades. Se rescatan piezas de los armarios de las abuelas, las tías y las madres. Se coordina lo viejo con lo moderno, lo minimalista con lo cargado. Se puede coordinar el color de los vasos con las servilletas, se puede finalizar todo el look con flores frescas, se pueden mezclar elementos distintos, inesperados. Se vale ir coleccionando sets que nos hagan palpitar por su belleza y, un día, llenar la mesa para los invitados de esos objetos que han ido llegando con el tiempo, demostradores de nuestro gusto, una suma de encuentros y momentos.

Una tarde de té con las amigas, un brunch para los más allegados, un desayuno para dos el domingo, un almuerzo cargado de afectos y amistades; cada mínima ocasión produce el escenario para poner la belleza por delante, para dejar un rastro de lo que somos, lo que nos anima y lo que amamos en la mesa, ese corazón donde palpita la esencia de una mujer que adora el detalle y sabe traducir su sello íntimo en cada cosa que hace.

<< POST ANTERIOR SIGUIENTE POST >>

Continúa Inspirándote

Agregar comentario

Subscribirme al Blog