Renace la exageración

Renace la exageración

La moda es un asunto de ironías. El que se une a su credo participa tanto para pertenecer como para distinguirse. Cuando una tendencia alcanza su pico llega también el momento de su “muerte”, y el secreto deja de ser de pocos para ser de muchos. Y pasa que la moda, - un régimen basado en la novedad -termina por repetirse una y otra vez. Para reinventarse, escarba sus propios archivos y reutiliza lo que alguna vez pudo haber sido nuevo.

En 1947, hubo una presentación a puertas cerradas en París. Las modelos salieron con cinturas angostas que contrastaban con las faldas de gran volumen que se mecían femeninas y exageradas. Una editora de Vogue lo declaró inocentemente el triunfo de un nuevo look. Y así nació el New Look de Christian Dior. De repente, todas las mujeres en París llevaban cinturas pequeñas y faldas llenas. En esa época la moda era un sistema de normas definidas. La que en aquel entonces se atreviera a separarse de la manada no era innovadora, ni poseedora de estilo sino que rompía el ser de reglas fijas.

Hoy, las reglas no existen. Todos los looks valen y coexisten en armonía. El cuero se usa en la primavera y el verano. Las flores se usan en el otoño y el invierno. El blanco se usa en la noche o en la mañana. Las mejores combinaciones son las que vienen cargadas de contraste. Lo que antes sólo aplicaba para la noche hoy también va para el día. Y las estéticas más antiguas renacen frescas, dotadas de un modernismo que no habían tenido antes.

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Sí, la moda se repite. A veces da la impresión de que poco cambia. Pero una de sus grandes magias es su capacidad para la alquimia. Cada vez que una estética vieja renace, regresa con nuevos detalles que la reinventan.

El barroco renació en el otoño y el invierno, sigue relevante para la temporada del verano. Lo más importante: su resplandor de ornamentos y lujos exagerados se mantiene vivo más allá del momento, el lugar y la temporada. ¿Por qué? Porque hoy, la mejor regla que una mujer puede aplicar a la hora de vestirse es pensar que lo más importante no es lo que se pone sino cómo lo combina.

Una estética de brocados, jacquard, detalles máximos, terciopelos, tonos sanguinarios como el vino y negros que juegan con oros brillantes, el barroco es un homenaje al lujo, la exageración y el drama. Sus formas se adhieren a zapatos, vestidos, chaquetas, joyas, espacios para vivir y piezas para nuestra contemplación visual. Su sello inicial va tan atrás como el siglo diecisiete y la palabra que mejor lo define es: opulencia.

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¿Cómo usar una tendencia tan cargada y fuerte? Reemplaza tus acentos de leopardo por algún elemento barroco. Combina una chaqueta o un vestido lleno de detalles lujosos con piezas simples, de colores neutros. Rescata de tu armario – o el de tu madre o abuela – alguna pieza y modernízala con cuero o prendas ultra simples.

Es cierto también que desde hace unos años, algunos de los grandes influyentes de la moda nos han hecho mirar de nuevo hacia el minimalismo – las siluetas limpias y sin ornamento. ¿Por qué regresa también la exageración? Porque la moda es un termómetro de las épocas. Y a veces, en tiempos de crisis económica, los seres humanos encontramos consuelo imaginando excesos. A veces también, superada la crisis, la opulencia y el lujo son las formas de celebrar la capacidad para superar la dificultad. El nuevo barroco en la moda es un reflejo de la fuente inagotable de reinvención que llevamos adentro.

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