Postal de arte

Postal de arte

Escribo para ustedes esta pequeña postal desde Nueva York, la ciudad en donde vivo hace ocho meses. La escribo porque quiero compartirles una de las experiencias más extraordinarias que he tenido en una ciudad que es de por sí ya bastante extraordinaria. Uno de esos encuentros cuya belleza nos puede hacer sentir más vivos: la exposición en el Metropolitan Museum of Art – más conocido como el MET – llamada "Impresionismo, Moda y Modernidad".

Una exposición que mezcla temas que celebramos en este espacio: París y sus esencias, la moda como un espejo del alma, el arte de ser mujer.

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Me atrevo a decir que en Colombia, la moda es un tema ya de todos los días. Eventos cada semana. Llegadas de marcas aquí y allá. Oleadas de "expertos" autoproclamados y entusiastas apasionados. Es un tema que se hace más omnipresente con los días. Pero, en nuestro país, la moda no ha entrado a los museos todavía.

Alrededor del mundo, sin embargo, las exhibiciones de moda son tan fuerte tendencia como lo es una cartera Céline hoy en día. En mayo abrirá una dedicada al punk, también en el MET. También habrá una dedicada a la cultura de Chanel, en París, y en 2012 hubo muchas, de todo tipo: sobre los zapatos de Ferragamo, sobre la vida y obra de Madame Vionnet, sobre Louis Vuitton bajo la dirección de Marc Jacobs, otra sobre las italianas Miuccia Prada y Elsa Schiaparelli, otra más sobre el glamour británico.

Aunque están en todos lados hoy, las exhibiciones de moda van tan atrás como los años 80, cuando Diana Vreeland, la ex directora de Vogue entró al MET para hacer florecer una serie de exposiciones que robaban el aliento. Eran espectáculos quietos, cargados de fantasía e imprecisiones históricas, llenas de texturas, conceptos y vestidos magníficos.

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Ahora, imaginen una de las alas enormes del MET, con ese tipo de luz que irradian los museos y los techos altos. En las paredes te saludan pinturas enormes, cuadros gigantescos pintados al óleo, a mano, donde aparecen las mujeres que en el siglo XIX eran los iconos de moda de su tiempo. Era una época de corsets. Un tiempo en el que las mujeres no podían vestirse solas por lo complejos que eran los vestidos que dictaba la moda del momento. Hay citas en las paredes del poeta Charles Baudelaire, motivando a los pintores modernos a usar la moda como tema de inspiración.

Hay pinturas con mujeres en vestidos negros, una prenda favorita entre las parisinas del momento. Parece un anuncio de la importancia que tiene hoy el vestidito negro.

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Hay otro set dedicado a mujeres con vestidos blancos, etéreos y románticos. Hay vestidos reales, enfrascados en recipientes de vidrio, con colas dramáticas. Hay abanicos, zapatillas de seda, espejos de mano, parasoles hechos de encaje. Fotografías en blanco y negro de una condesa fabulosa, sentada posando con un vestido enorme, lleno de detalles y ornamentos en la falda. Hay cuadros de un realismo que roban el aliento, que muestran cada mínimo detalle en la confección de las prendas, cada gesto en la pose femenina, cada textura en los materiales. Imágenes que nos transportan a lo que usaba una mujer para ir al teatro, para viajar en barco, para bailar en una fiesta.

Es que en la París del siglo XIX, la moda era un asunto tan importante que los pintores corrían ansiosos a retratarla. Vivían obsesionados con lo que se ponían las mujeres. Creían que para entender la esencia de una mujer había que incluir el vestido que la envolvía. Se creía también que la forma de vestir era un reflejo del alma. Ser moderno significaba también vestirse bien. Y la moda era todo menos un tema frívolo. Era una forma de expresar, sin palabras, lo que se lleva por dentro.

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