Oda roja

Oda roja

Alguien me dijo hace unos días: "si conoces el labial, conoces a la persona". A un par de labios rojos le va bien el adagio aquel que dice que un libro no debe ser juzgado por su apariencia. Pueden significar el vigor de una femme fatale, el poder de una mujer demasiado independiente, la capacidad seductora de una mujer consciente de su hechizo erótico o el tipo de elegancia que poseen las mujeres que saben llevarse a sí mismas. Son el punto final en muchos tipos de performances femeninos.

Hay días en que la simplicidad se apodera de mis ánimos a la hora de vestirme. Se me antoja un look sin pretensiones, femenino, simple, que exprese mi gusto y mi espíritu en un mensaje visual claro, directo. Con los años, observo que ese gusto se inclina hacia prendas negras, pulidas y magníficamente construídas. Toda de negro, frente al espejo, se me antoja contrastar toda esa simplicidad con un toque violentamente femenino de labial rojo. Todo parece más completo y más poderoso si mi boca va por el mundo coloreada de ese tono enérgico, símbolo del caleidoscopio  que significa ser mujer.

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Si las mujeres egipicias se sometían a sustancias venenosas para tener la boca encendida, si Cleopatra refinó el método asesino matando insectos y extrayendo su color, si las grandes cortesanas – esa mezcla de independencia y sometimiento – lo usaban como símbolo de su sexualidad, si Elizabeth Arden lo repartió en las calles de Nueva York a las mujeres que combatían por poder votar, si Rita Haywoeth, Ava Gardner, Verónica Lake y todo ese cúmulo de bellezas-de-otro-mundo lo adaptaron en sus versions más gloriosas y si hoy por hoy, Lady Gaga, Madonna, Rihanna, las pasarelas, las revistas y una cultura de moda cada vez más diversa lo celebran es porque hay algo en su magia, algo en su poder, algo en su sustancia secreta que une a las mujeres a lo largo del tiempo.

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El poder femenino ha sido y sigue siendo una fuente de temor. Una mujer que se hace notar demasiado produce incomodidad. ¿Y existe algo más notorio y más poderoso que unos labios rojos? Los hombres prefieran bocas más naturales, dicen. Los labios rojos pueden ser sinónimo de una mujer demasiado erótica. En la ética del vestuario del cine, la mujer devoradora va siempre ataviada con tacones y un fulminante toque de rojo en la boca. La pintura evocó a las mujeres más liberales de su época con la boca cargada de tonos cereza. El tiempo, las circunstancias, las culturas, lo fueron reinventando. La publicidad de principio del siglo XX, las luminarias del cine mudo, las mujeres que encarnaban el glamour más intocable, todos lo acogieron como un símbolo máximo de feminidad. Así, una boca roja puede ser tanto poder como seducción, tanto inteligencia como elegancia, tanto condicionamiento como libertad. Las parisinas lo tienen entre uno de sus símbolos;  sus ropas un homenaje a la simplicidad, sus bocas poderosas y cargadas.

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Lo cierto es que los labios rojos son una señal de que ser mujer significa ser muchas en una sola. Para mí, la boca pintada de rojo es una forma inmediata de experimentarme femenina, dueña de mí misma, capaz de proyectar muchos significados, bendecida con la posibilidad de ser sobre todas las cosas una performer. Hoy iré vestida de negro, chic y simple por la calle. Mañana podré mostrar mis labios, naturales tal vez pasado retorne al coral o al rosa o al chocolate. Pero con la boca de rojo hago homenaje a ser compleja, fuerte y delicada, posmoderna y clásica, dueña de mi destino, hija de todos los significados, de todas las mujeres que, desde Cleopatra hasta Marilyn Monroe lo utilizaron para ser, sobre todas las cosas, simplemente eso: mujeres.

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