Vestir la casa

Vestir la casa

Tips e imágenes de inspiración

En 1919, una mujer legendaria adquirió una casa a las afueras de París. La villa, llamada Bel Respiro, tenía las fachadas revestidas en color crema y las persianas barnizadas en negro. Por dentro, los espacios, llenos de geometrías dramáticas y ornamentaciones suntuosas, tenían la particularidad de ser todos en blanco y negro. La audaz elección de color, poco común para la época, despertaba con frecuencia la inquietud de pasantes y vecinos.

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El modernismo precoz de esta mujer no era gratuito. La casa, su refugio luego de la muerte del gran amor de su vida, era más que un mero lugar donde vivir: era un reflejo de su estilo, su temperamento, su espíritu, su vida y del legado que aún hoy ronda nuestras vidas. ¿Existe acaso algo más distintivamente Chanel que la combinación, simple y elegante, de blanco y negro?

Gabrielle Coco Chanel diseñó una casa que era un espejo de sí misma. El negro y el blanco reflejaban la elegancia minimalista de su legado; las formas Art Deco expresaban su debilidad por lo suntuoso y moderno; los toques de oro confesaban su gusto por los detalles lujosos en juego con fondos simples. El ejemplo de la casa de Chanel muestra cómo el estilo personal de una mujer se extiende a todas las áreas de su vida. Si nuestra ropa anuncia al mundo quiénes somos, la forma cómo vestimos nuestras casas habla sobre nuestros gustos, historias, memorias y momentos.

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La decoración es como el estilo para vestirse: no es lo que usas sino cómo lo compones, no son los objetos sino el lenguaje que transmiten. Las mujeres con estilo, como Chanel, son capaces de esparcir su alma en todo lo que rodea sus vidas. La composición de la mesa de noche, la forma de tener los perfumes en el baño, los cojines que coronan la cama o el sofá, el envase para poner nuestras flores favoritas, las imágenes que cubren las paredes.

¿Cómo vestir nuestras casas para que reflejen nuestra esencia? Ante todo, un espacio debe ser plácido de habitar. Como con la ropa, la belleza y la funcionalidad se mezclan sin excluirse. No existen límites en el estilo: se vale lo moderno y lo contemporáneo, lo pulido y lo inacabado. Qué maravilloso es permitirnos jugar con el eclecticismo, mezclar periodos con estéticas distintas. Puede ser excéntrico y al tiempo chic; puede ser kitsch y también sofisticado. La clave está en divertirse, dejarse guiar por el instinto.

 

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Como a la hora de escoger un vestido, nuestras casas pueden reflejar nuestro sentido de autenticidad. El alma de un look o de un hogar está en su sentido de comodidad. Y la comodidad es algo que rara vez puede fingirse. Así también y como dicen algunos diseñadores, un hogar debe ser “la destilación de nuestros intereses” y los objetos – así como las chaquetas o la joyería – poco importa de dónde vengan. Todo es como un rompecabezas, un juego de composición.

Una habitación debe tener rastros de la experiencia individual: ese viaje inolvidable, el día que enfrentaste un temor, el momento en que te enamoraste o ese instante en que supiste lo que querías hacer con tu vida. Decorar es como editar, hacer curaduría de nuestro entorno. Este año, que abre ya sus nuevos y fantásticos capítulos, es el momento ideal para hacer de nuestros espacios un reflejo de nosotras mismas.

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